Temple

La pintura al temple tiene como aglutinante una emulsión de agua, clara y yema de huevo y aceite. Conviene primero hacer la mezcla del huevo con el aceite hasta lograr una mezcla homogénea, después gradualmente agregar el agua hasta crear la emulsión o médium de la técnica al temple. La proporción es de un huevo entero, más una parte igual de aceite, más una, dos o tres partes de agua, dependiendo de la fluidez que se quiera alcanzar. También se puede agregar un poco de barniz «dammar» que reemplaza la parte de aceite de linaza, con este procedimiento se logra mayor firmeza o agarre y un secado más rápido, sin embargo el acabado es más impermeable a las nuevas veladuras. En lugar del agua se puede emplear leche desnatada, látex de higuera o cera siempre con agua. Giorgio Vasari también empleó en su descripción la palabra temple para la composición de aceite con barniz. Grandes obras maestras como por ejemplo El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli están realizadas con esta técnica

Una pintura al huevo bien hecha está entre las formas de pintura más duraderas que ha inventado el hombre. Bajo la suciedad y los barnices, muchas obras medievales al temple de huevo están tan frescas y brillantes como cuando se pintaron. Normalmente las pinturas al temple han cambiado menos en quinientos años que cuadros al óleo en treinta.

D.V. Thompson, The Materials and Tecniques of Medieval Painting (1956) Nova York.